Debería hacer algo de provecho pero no me apetece. En lugar de eso, me engancho a esto, visto aquí. Es adictivo. Podría bajar a la compra, a por lechuga o a por bolsas de basura, pero tengo cinco euros hasta el lunes o el martes (y seis en la cuenta, que no valen para nada). Esta noche, después de la tienda, amigos y cerveza. Y mañana, primer domingo de mes, a currar un poco, o un mucho, según se dé. Y anoche escribí un poco (no un mucho, no se dio). Y estuvo bien, la pequeña incursión, la nueva toma de contacto, un adelantar de acontecimientos, un vengaquetienesqueescribirleñe. Y se me quitó el sueño (quizá tuvo que ver con que me tomé un café) y tuve que fumar marihuana (qué cosas se piensan cuando se fuma en pipa, para escribir libros y todo) y esta mañana, claro, no podía despegar los ojos. Pero he dormido como una bendita y ahora casi veo desde aquí los filetes de lomo que no sé si se descongelarán para la hora de comer. Mierda, ya ha llegado la hora de comer. Me rasco las piernas a través de mi pantalón de rayas. Me hago una coleta y pienso que quiero cortarme el pelo, otra vez. Y me pongo en marcha, que ya es hora. Siempre me ha gustado el mes de septiembre.