Una calada directa a la garganta, con mi cara de no querer toser, y el triciclo rosa pidiendo foto, para luego encadenar un tema con otro, y la gente que te dice "¿qué estabas diciendo, perdona?", y las voces claras, y claros, más ojos que de costumbre, con diferentes pelajes, más cerveza, y yo observo y escucho, se hacen cuentas, y a veces incluso hablo en voz alta, muy alta. ¿Banderillas? no, gracias, pero déjame tu aceituna rellena de vinagre, y qué buena idea la de las zapatillas de lacón y tetilla, y qué gran invento las croquetas, y la camisa aquella, y los niños ventosa, y lo del reciclaje de chistes, y las taladradoras. Y qué mala idea currar al día siguiente. Cuánto tiempo hacía que no me dolía la cara de reírme. Tengo una nota de papel en el bolsillo, escrita con rotulador verde. Y no está desperdiciada.