Me gusta encontrarme con mi hermana conectada desde la recepción del hotel, un rato antes de que salga de currar. Para esa hora siempre está muerta de hambre y nos dedicamos a desgranar platos y recetas. A recordar atracones. A veces le digo que no sé qué comer y ella se lanza, como hoy.

—¿Tienes alguna verdurita en casa pra el sofrito?

—Algo habrá.

—Bueno pues haz un sofrititi de lo que tengas; ajo, pimiento, zanahoria. Si le pones cebolla te sale arroz más caldoso. Lo primero, el ajito para que el aceite coja saborciti. Luego lo demás, y si le pones tomate, se lo pones cuando el resto de las verduras ya estén hechas y esperas a que se consuma todo el agua que soltará el tomate.

—Pero la zanahoria, cruda, sin cocer, ¿no se quedará demasiado dura?

—No, no. Sólo tienes que tener paciencia y se hacen. Córtala en trocitos chicos, mejor.

—Y mientras se hace lo demás, ¿el ajo no se pone negro?

—Bueno es que sólo lo tienes un minutito a solas. No pongas el fuego muy fuerte. Además cuando pones cebolla suelta agua también, y entonces ya no se quema.

—Entiendo.

—Una vez que tienes el sofrito, echas el arroz, así en seco, y lo refríes con las verduritas hechas. Primero, un par de minutitos, que se mezcle bien, ¿ok?

—Ok.

—Luego le echas sal al arroz y las verduras, y luego agua, el doble que de arroz, y lo dejas haciendo chup chup. A media cocción o así, los berberechitos. Y si ves que el arrolín se te está quedando duro añades un poquitín más de agua, you know.

Lástima que no tenga ni una sola verdurita para el sofrititi.

:P