Dícese de cuando un acontecimiento de envergadura equis hace que tu ánimo pase de estándar y/o anodino a subidito y/o contento. Es decir, que una se pone a sonreír despistada, ya sea por seleccionar fotos, por hablar por teléfono y oír risas, por saber a la gente contenta, por pensar en alemán durante un minuto, por comer yogur de pera de nuevo, por encender el fuego con cerillas o por comprar jamón serrano en taquitos, para lo que se tercie, que ya se tercia.