Me cago en la leche, y en la madre que parió a la gente estúpida, desagradecida, estirada, caprichosa, ingorante, soberbia, argh, odio a la gente soberbia, a los que se creen que están por encima de todo, a los que disponen de los demás sólo porque pueden, a los que hacen el gilipollas con las vidas de los demás, a los que no ven una mierda de lo que tienen delante. Y por principios, debería solidarizarme, pero para colmo de mierdas, no me lo puedo permitir. Me pregunto qué puedo hacer, qué coño puedo decir ahora, cuando es algo que es así, algo que te enseña, una vez más, que el mundo está lleno de hijos de puta, que no puedes fiarte de la suerte, ni de la no suerte, que lo bueno no depende de ti muchas veces, que a veces, por mucho empeño, ganas y talento que tengas, se va todo a la mierda. Pero no todo. No. Me niego. Aún quedan cosas. Te lo prometo. Aún quedan cosas que sí están en tu mano. Grita, patalea, gruñe, gruñe mucho. Yo desde que gruño estoy mejor. Grrr. Saca las garras y gruñe y luego, cuando te calmes, toma perspectiva y sigue caminando, siempre. Siempre, joder. Aunque estés lleno de rabia.

¡Coño ya!