Lleva un vestido negro de tela de camiseta, lleno de pelusilla blanca que apenas se ve. En realidad es un camisón, se lo regalaron con una revista y tiene que atarse los tirantes con una goma del pelo, para no dejar los pechos al aire todo el tiempo. Luego, cuando se acuesta, lee con media teta fuera, apoyando el lomo del libro sobre su pezón, como si fuera una pequeña alcayata mullida. Cuando va camino del baño, pasa por un espejo grande, en el que se tiene que mirar siempre. Se pone de frente, se acerca, se mira a los ojos y dice en voz alta "eres una mujerona", con voz clara y decidida. Incluso sonríe. Entonces se quita el vestido-camisón y lo sacude tres veces con fuerza, dejando caer al suelo las pelusillas, las tres palabras, la goma del pelo.