Envidia, quizá
Que en el tren me di cuenta de que estar sola significa hacer muchos esfuerzos de contención verbal. Que en la boda se respiraba un amor denso y una felicidad arrolladora, y eso me emocionó mucho, estando tan dentro como fuera, mientras la niña me miraba con ternura y la novia me hacía los mismos gestos de siempre, los de la cafetería de la facultad desierta, desde el altar. Y a falta de pan, buenas eran tortas. Como las que me daba el discurso del hermano pequeño, que casi me levanto y le riño por hacerme llorar. Y mi escote quizá era excesivo pero acabé bailando.
Y volviendo al tren, o quizá en el otro tren, miraba olivos y me imaginaba escenas bajo sus sombras, sin saber muy bien porqué. Las aceitunas parecen formar un buen colchón, según la época del año. O quizá me gustaría que se me clavaran las piedras o que me picaran los mosquitos por quedarme dormida allí abajo, a lo mejor incluso en pelotas, oliendo la intensidad del campo. Y en el tren; de nuevo no sé en cual porque casi me he pasado el fin de semana montada en uno; me despertaron tirándome al regazo un peluche psicodélico no apto para epilépticos y eso me puso de mala leche. Pero lo arreglaron dos ciervos tipo bambi que se dejaron ver, más tarde, el uno frente al otro, masticando el silencio.
Y antes, o quizá después, la niña se tuvo que ir corriendo y me quedé en la estación hora y media, leyendo cosas útiles y casi quedándome dormida en el banco de hierro, con el culo a cuadros cogiendo frío. Pero oye, en el café, qué bonito es hablar, de dejar de fumar, o de montar un negocio, o de lo que sabemos hacer, o de las vocaciones, o de los hijos. Aunque yo no tenga casi nada de eso. Aunque nos echen de la habitación a golpe de un teléfono que es demasiado cutre para ser cierto. Y la tele sólo se oía pero tuvo su gracia cuando me dormí una siesta de dos horas esperando a que llegara la otra. Y que a mí también me gustan los libros, sí, y no sólo porque tengan palabras sino porque tiene que ser bonito coger un texto y dividirlo, transcribirlo, encajarlo y diseñarlo.
Pero aquí sigo, volviendo a las buenas costumbres, a las que de verdad me importan, como darle doble click a ese icono y escribir dosmil palabritas, a ver qué tal, mientras oigo caer lluvia, muy seguido, como la he oído durante casi todo el día, en Madrid.

2 oct 2007 | 12:11 AM
Vivir es en gran parte contenerse y saber cuando parar y cuando seguir hasta el final. Pero para mí que se aprende por ensayo-error....
Es increible cuando los de tu misma generación parecen hacerse adultos y mientras una sigue viéndose igual que siempre. Velocidades diferentes, o hasta caminos distintos. A saber...
bicos
2 oct 2007 | 12:16 AM
Mira que yo no quiero casarme, nunca me ha hecho demasiada ilusión, salvo cuando era cría y todas pensábamos en el vestido blanco. Pero joder, cuando ves a alguien a quien quieres mucho tan feliz, las bodas, los banquetes, incluso los santos sacramentos, tienen todo el sentido del mundo. Y envidia, quizá, sí, seguro, de hecho, pero no por la boda, sino por todo lo que se ve que hay detrás.
Bicos para ti, guapérrima.
2 oct 2007 | 01:41 AM
http://www.nirve.com/index.html
2 oct 2007 | 08:34 AM
Ay, no sé qué intentas decirme, 2e... ¡pero ahí hay muchas bicicletas!
2 oct 2007 | 05:19 PM
Joé, lo siento, pero me he quedado enganchado a dos palabros esdrújulos: psicodélico y epiléptico, y a una imagen: Una calamar en pelotas debajo de un olivo....
Besos.
2 oct 2007 | 10:26 PM
Vaya por dios. Me alegro de que te gusten las... esdrújulas.
:P
2 oct 2007 | 10:46 PM
Joé, qué bonico, si lo que intentabas es emocionar, lo has conseguido ;)
Fuerza y honor.
3 oct 2007 | 12:30 AM
Es que era emocionante, joder!
Fuerza y bodorrios!!
:P
3 oct 2007 | 02:10 PM
La verdad es que no iba con intención. Acababa de ver esa página y justo después lei tu blog... Y sabiendo lo fetiche que las bicis son para tí..