Los preciosos
Se me fue de las manos el bajo, ayer, y al final huí, metro parriba, a leer en Plaza España hasta que llegara mi amigo, y no me quité las gafas de sol aunque el sol se hubiera ido, y luego me arrepentí un poco de pintarme los ojos tan negros. Por otro lado, hice algo, dejé de huir, musicalmente. Me puse en los oídos algo acorde con mi estado de ánimo, sin llegar a regodearme, y me sentó bien. Armonía. Interpol. De nuevo un libro de Bukowski que me hace reír en silencio. Y nos fuimos a cubrir un concierto de un grupo que ni he oído, y nos alegramos un poco de no estar en lista para luego ser responsables y acabar estándolo, y luego el retraso, que no importaba porque la conversación era buena y la compañía también. Y sí que ha venido gente al final. Y sonaron bien, oye, aunque vistieran con pijamas pretenciosos y en disco sean un poco así. Y la tipa que sonreía por muy tristes que fueran las letras, y los baños de multitudes con el bailaor sangrante (se parecía a ese cuyo nombre no consigo recordar) y las brigittes con playeras y jerseys con pelo en el cuello imitando a zorros. Aullonas.
Pero sí que estuvo bien, porque además luego me entró hambre, no mucha, más bien necesidad de comer, que no ganas, pero era buena señal, y comí aceitunas y un trozo de tortilla de papas que me pusieron con las cañas. Y encaja. La compañía. Tengo suerte de tenerle cerca. Un tesoro, miles de palabras, repaso a música y videoclips, confesiones de cintas grabadas en la más adorable (y espeluznante) adolescencia, los primeros conciertos también, los desvíos y los aciertos, tópicos como emborracharse que es que no y también como ir de compras, que eso igual sí que cae. Y luego el templo del gato, ese bar tan rockabilly que no conocía y que me recordó a alguna persona. Pero el dj no cuidaba las transiciones y el semáforo tenía todas las luces encendidas, lo que puede ser confuso, porque no sabes qué luz seguir pero si te fijas, oye, es mejor, porque tienes las tres alternativas. Y también había un letrero que pasaba de un lado a otro recordándonos que sólo somos un saco de carne y vísceras y que eso es lo que hay.
Y los electropoperos del concierto, ahora me acuerdo, tocaron una que sí que es famosa y que me resulta muy triste, cuando repiten todo el rato lo de "a cualquier otra parte" y casi caigo, casi, quizá caí un poco, aunque me mantuve sostenida por un reojo intermitente y constante (lo vi, me di cuenta, muchas gracias) y algún beso en la mejilla. Ah, y por supuesto, un viaje de chistes de todo tipo. Sobre todo de los malos, los que me gustan a mí. Y la quinta esencia. Y al final la novia guapa, radiante, simpática a más no poder, y la del bar que sonreía mucho y les llamaba preciosos, y es verdad, coño, son preciosos, los dos. Que vamos juntos andando a por la perra y la sacan hasta acompañarme a la puerta de mi casa. Que están atentos, que me sonríen por dentro y me hacen mover los pies.

21 oct 2007 | 01:49 AM
A mi Bukowski me gusta leerlo cuando estoy un poco de bajón o triste.. No sé.. Me recuerda que de todo te puedes reir, hasta (o sobre todo) de tus miserias.
A mí, la verdad, me alegra esos días. Y me releo algún que otro relato.. El tío era un cabronazo!!
P.
21 oct 2007 | 09:51 AM
estoo... yo de bukowski no he leido ni media línea, pero pintados de negro preciosos también
21 oct 2007 | 11:58 AM
Preciosos los tres!
Besos.
21 oct 2007 | 12:02 PM
2e, sí que ayuda, sí, el cabronazo.
engelson, con los que tú me miras.
honey, pues anda que tú, no veas.
besos.
21 oct 2007 | 08:57 PM
Ésa es mi Calamara!!!
Fuerza y honor.
22 oct 2007 | 11:01 AM
Ahí estaba yo! Suerte la nuestra :-)
Gracias...