Si Devendra Banhart fuera un animal sería una lagartija gamberra y entrañable. Entre canción y canción te habla como si estuviéramos todos sentados en cojines, te pide sugerencias para nombres de canciones y se ríe como si estuviera fumado. Eh, un momento. Todos están de viaje, claramente. Relajados, felices, como si tocaran en el salón. Van de la nana melancólica a los ritmos jamaicanos, mezclando idiomas y a golpe de percusión, acabando por volverse locos con temas tremendamente potentes, en los que Devendra se deshace en bailes y canta a través de su eterna melena enmarañada. Y acabas queriendo hacerle trenzas o enredarte en sus barbas para no salir más. Vale, quizá no quiera casarme con él (va a empezar a parece que me enamoro de todo aquel que se sube a un escenario) pero es tan natural, tan cercano, tan, tan.... tan mono. Y qué registros, dios mío, hace con la voz lo que le sale de la punta de... la barba.

Nos dice nada más empezar: "todos los que estamos aquí en el grupo somos gente que hacemos miles de cosas más, ésta es la cosa menos importante para todos menos para mí". Y de repente quieres vivir con ellos en una cabaña o algo así. Te contagias. Y quieres abrazarles a todos. Cada tres canciones, una no es suya; nos presenta a un miembro del grupo, que forma parte de otro grupo y le cede los honores. De hecho, hacen un intermedio y piden a alguien del público que salga a tocar una canción que haya compuesto. Entonces sale una tal Cristina que se desgañita diciendo sin parar la misma frase hasta que le hacemos los coros ("Nunca sé lo que piensas de mí, quiero saber lo que piensas de mí" o algo igual de elocuente) para continuar con una bonita canción (con los mismos acordes de guitarra de la primera) en la que habla de bailar con mariposas hermosas en un jardín al sol. Hace pausas para pedir disculpas, la chica, muy educada. Devendra la acompaña con una suave percusión mientras bebe cerveza. Luego, a dios gracias, Devendra vuelve con todo el grupo y esta vez lo hace sin parte de arriba. Es tan delgado que lo ves moverse y parece un fideo chino. Para comérselo, con soja.

Un repertorio perfecto (aunque he echado de menos algunas canciones, Chipita, no tocaron la tuya) y un público amable a pesar del calor y la falta de espacio. Como he llegado muy tarde (he reconcentrado todo mi odio en el espejo retrovisor del taxista mientras se empeñaba en hacer un tour por las calles del centro a pesar de que he insistido en que llegaba tarde y que era importante, cagoendiosqueparéntesismáslargo), no he podido disfrutar de las primeras filas como estoy acostumbrada últimamente, así que he visto muchas cabezas, y he disfrutado de una visual del concierto intermitente, pero ha merecido (y tanto) la pena. Al salir, Mr. Zebra y yo hemos ido a uno de esos bares de montaditos y hemos puesto "Devendra" y "Banhart" en sendas comandas, para descojone y buenrollismo con las dos modernillas que apuraban bocadillos mínimos en los últimos cinco minutos, mientras los camareros barrían. A nosotros nos ha dado tiempo de sobra porque estamos acostumbrados a los sandwiches en el baño y las cookies de chocolate blanco entre perchas. Hemos hablado de cosas importantes restándoles importancia y nos hemos despedido hasta muy pronto, porque en unos días vuelvo a currar con él y porque nos esperan muchos conciertos de Devendra Banhart, estoy segura.

:)