Fumar a escondidas
Joder. Éste sí que era bueno. Nadie excepto yo conocía la verdadera identidad de un mito. El mito en sí cambió de nombre hace tiempo para desaparecer. Llegado el punto, una profesora ensimismada por su historia, en una clase de universidad, lanzó teorías al aire, sobre su infancia, su paradero actual, sus influencias a la hora de crear. Hablaba con verdadera pasión, los ojos casi vidriosos. Yo me reía por lo bajo y me entraban ganas de hacer pis. Una monja me acompañaba al baño y allí me encontraba con el mito, escondido. Urdíamos un plan. Él quería darse a conocer, derrotar todas las hipótesis, acabar con la farsa. "Esto del anonimato y el misterio en el fondo acaba siendo un coñazo". Nos las apañamos para que le sonara el teléfono a la catedrática en mitad de la charla. Le dijo "yo soy él" y ella se quedó paralizada. Se abrieron las puertas de par en par y entró, seguro de sí mismo en apariencia, pero temblándole la barbilla, de timidez. La profesora tuvo que agarrar el respaldo de la silla para no caerse. Silencio, pestañeos, silencio, murmullos. De repente se oyó un ruido fuera, el mito abrió las persianas y vimos cómo había montado un escenario y un grupo famoso tocaba allí. Mucho rock'n'roll. Todos los artistas le conocían y le admiraban. Yo aún no sabía muy bien qué había hecho para despertar tanta pasión, para mí era sólo un buen amigo. Tenía virtudes, sí, y yo misma le adoraba, pero de una manera mucho más mundana. Para mí nunca había sido un misterio, ni siquiera los dos segundos antes de conocerle en persona. Tocaba Jack Black en el escenario, y más tarde bajó rodando por una colina. Iba dejando pañuelos sudados y otras prendas para deleite de los fans. Yo me preguntaba si muchos de aquellos siquiera le conocían. A mí siempre me había gustado Jack. Cuando miró hacia arriba se lo dije, le dije "siempre me has gustado" y a él se le cambió la cara. El mito para entonces ya estaba sentado en el césped, con los demás. Se esforzaba por parecer una persona corriente, alguien mediocre, para que dejaran de reírle todas las gracias y asentir a cada palabra suya. Me lanzó una mirada de auxilio desde lejos y cuando nadie miraba (esto fue muy difícil de conseguir) lo volví a encerrar en el baño. Me dio las gracias y desde entonces, cada vez que me apetece un cigarrillo, le acompaño.

12 dic 2007 | 05:25 PM
Me ha gustado, mucho!
y lo de fumar en el baño un pitillo a medias a escondidas es algo que todo el mundo debería probar
:)
12 dic 2007 | 11:10 PM
Je, el mito no fuma, el mito sólo observa desde dentro.
Me alegro de que te haya gustado, Cata.