Me venía debatiendo entre saludar o no a mi charcutera del Mercadona, cuando la he visto salir del mismo vagón de metro. Me venía debatiendo también en cómo sentirme, con este frío que paraliza la boca, la nariz, cristaliza los ojos, te hace sentir pequeña, sí, puede que sea eso. Indefensa, quizá. Venía debatiéndome porque primero ha sonado una canción de nostalgia cálida, que funcionaba bien, sí, a medida que bajaba la gran calle, como de mirar mucho una foto o algo así. Como de sentarse dentro a esperar. Algo así:

Luego, sin embargo, de ahí ha saltado a otra, mucho más grave, en todo, en conceptos y en escaleras musicales. Con una frase que me viene bien, aunque sin pasarse. Y el subidón mola, pero no estoy tan apocalíptica, gracias. Y me pregunto si estoy mutando, y por eso me da todo un poco de asco y sólo quiero comida fría, con este tiempo de perros. Cuando mi casa se parece tanto a Siberia que es imposible que se descongele nada, por muchas horas que pasen. Algo así:

Y ahora los filetes en remojo y yo pensando que nada de esto es buena idea. Como pensar de nuevo, sí, en que no tengo el control. Aunque tampoco hay mucho que controlar, si me fijo. Así que tan contentos. Helados, pero contentos. Con los pezones como avellanas tostadas.