Hoy al levantarme y hacer todo exactamente igual que cada día que me levanto (y me levanto todos los días, sin faltar uno), me he dado cuenta de que ya no puedo repetirlo. Se acabó el café frío en vaso largo. Los cigarros con el estómago vacío. Mi cuerpo lo rechaza. Pasaremos al actimel y las lonchitas de jamón de york con queso fresco, como sacado de una dieta recortada en una revista de peluquería. Pero sin soja. Barritas de cereales, sí. Huevos, incluso. Peras troceadas, cuando se tercie. Esta mañana está lloviendo, la calle recién puesta, y yo, abriendo mi cabeza con el vapor. Como un berberecho. Agüita salada. Limón. Me gusta cuando las cosas saben a mar. Creo que vuelvo a necesitar vacaciones, a pesar de lo poco que trabajo. Últimamente tengo una extrañísima percepción del paso del tiempo. En mi casa hace tanto frío que me da miedo desnudarme. La puerta de mi habitación se abre sola, de mirarla. Y tantas cosas, que no doy abasto, ni lo intento.