Después de dormir cuatro horas y levantarme relativamente descansada, después de darle un beso a mi amigo Edu al que dejo unas horas solo en casa, después de caminar con frío hasta la estación cruzándome con varios grupos sudamericanos borrachos, después de temer por el regalo que llevo aparte de la maleta y acabar llevándomelo conmigo al asiento del tren, después de dormir todo el trayecto casi del tirón mirando alguna vez la película (Paz Vega y Morgan Freeman cantan una canción en un coche), después de oír entre sueños una lista de reproducción con las canciones del concierto de Wilco al que fui en noviembre, después de observar a la japonesa que me toca al lado haciendo fotos por la ventana en la que me apoyo y hojear un libro de instrucciones de una cámara Holga como la mía (descanse en paz), después de recibir el combo de besos tres por uno de mi padre, después de hacer la ruta turística acelerada en coche con él mientras me señala las novedades del centro y los edificios que se han vaciado como se hace con las chirimoyas, después de llegar a casa y abrazar a mi madre, después de leer a medias alguna revista, después de abrir la nevera y descubrir que no hay jamón de york; pienso que sí, que ahora mismo, esto me hace feliz, estar aquí y permanecer en silencio, sin más, funciona perfectamente. Mi jersey verde regado de pelos de perro y la lluvia al otro lado del cristal. Estoy en casa.