—Menos mal que mañana vuelvo a trabajar también por la mañana.
—¿Y eso?
—Cuando tengo las mañanas libres entro en una espiral de pereza y autodestrucción. Todas las noches planeo las miles de cosas que voy a hacer para aprovechar las horas y todas las mañanas vuelvo a ducharme a las dos de la tarde. Ayer, por ejemplo, iba a limpiar el baño a fondo y también iba a hacer algunas gestiones, bajar a comprar no sé qué, mirar no sé cuánto. Al final, le di un poco a la escoba y me dediqué a perder el tiempo autocompadeciéndome.
—Me pasa igual, debe venir de familia.
—Hoy he conseguido limpiar el baño, por fin. Pero si tengo una mañana libre más, me explotará la cabeza.