Al salir de la ducha, he aplicado sobre mi cara un pequeño trozo de Islandia. Una muestra individual de un solo uso. Algo sobre un lago azul, minerales y otras cosas claramente azules. He respirado profundamente y he pensado que todo está donde tiene que estar. Fresquito, en conserva, entre cantos rodados. De los que rebotan sobre la superficie. Sin necesidad de baterías de repuesto.