Sigo haciendo dibujos, sobre lo que ya está dibujado, que soy yo, esto, los tentáculos, y ahora recuerdo o me recuerdan que lo que tengo se llama cloaca y pienso que suena feo y al mismo tiempo musical. Dibujo sobre un boceto de mí misma, entendiendo medias verdades, tragándome mi propia tinta, la de la autodefensa, quizá, la tinta que antes empapaba cuadernos y que ahora sólo colorea mis pupilas, por dentro.

Cal-a-mar

En estado semiausente, muy callada, repaso los contornos y el dibujo no me es fiel, salvo en contadas ocasiones, cuando los garabatos son un caos y apenas se adivinan las formas. Es entonces cuando hay más yo, cuando lo hago sin detenerme, sin copiar, sin buscar referentes. Cuando lo único que queda es esto, un calamar o algo que se le parece, y las ganas de detener este bailecito, este nadar en círculos, sin poder adherirme a ninguna roca, por el desgaste de mis ocho brazos escurridizos, por el suave tacto de mi piel, que apenas lo alcanzo y se me escapa.