Es como cuando hay mucha gente, y vamos todos de la mano, para no perdernos. Si se suelta uno, olvídate. No veo, aunque sé que está justo ahí, aunque sé que no ha podido irse muy lejos. Porque somos tan sólo una masa de gente que hace lo mismo, al mismo tiempo. Todos mirando al mismo punto. Estoy tocando el aire, que tampoco se ve, el aire que no pesa. Lo muerdo incluso, para creérmelo. Me trago la distancia y tiene un sabor un poco ácido, un sabor insignificante. Me diluyo en la multitud, tantos codos, tantas cabezas. Me disgrego, sin moverme. Ellos tampoco pueden verme ya. Una vez fui una máquina. He perdido facultades. Se me olvida que siempre hay que fijar un punto de encuentro, para estos casos.