Se está muriendo. Lo sé por la expresión de sus ojos amarillos. Las líneas atigradas de su pelo ya no se tuercen como locas. Mantiene la boca pequeña, aguja e hilo, fruncida como de enfado. Se apoya con aire resignado, si es que el aire se resigna alguna vez; y nos mira grande, muy grande. Nos mira desde su amarillo grande, océanos de témpera seca, que ya no sueltan una gota. Nos mira a todos porque puede, está por encima. Sus dedos se alargan tanto que parecen garras. Se mueve sigilosa, sin cambiar de posición, pero se le nota en el cruzar de brazos.Quieta, podría decirse que al acecho, agarrándose al suelo con sus pies planos.