A desengancharme de mí. A respirar hondo. A comer y dormir mejor. A reírme y quizá llorar, un poquito, si veo que me apetece. A pensar no, pero sí a dejar que las cosas fluyan en mi cabeza, y mirarlas desde dentro, desde no muy lejos, pero sin tocar. Eso no se toca, niña. No. Estas cosas se dejan estar, se alumbran con una linterna de pilas, hasta que se acabe. A la vuelta, tendré otro cuerpo. Otras ganas. Otros ojos y sobre todo, otra voz. Me voy a mirar de frente al mar y que me lo devuelva todo masticado. Me voy para que me den siete vientos con sus siete bofetadas. Me voy para volver.

Boca