Tengo sobredosis, estoy frutificada. Me dan mareos de colores y me salen pepitas de las orejas. Leo al revés, de la pulpa a la piel. Y el aire sabe a naranjas. Hay ciruelitas moradas donde estaban mis pupilas y pequeños gajos amarillos en las orejas, como pendientes. Mi pelo se enreda con ramas verdes de racimos de uvas. Mi corazón es una manzanita verde, ácida y fresquita. Mi cara se baña en yogur griego cremoso. Y en la tripa me da patadas un melocotón que baila. Estoy aprendiendo a masticar cada trozo, a sentir el zumo, a cerrar los ojos y respirar las vitaminas.