Lo de dejar de fumar se ha traducido en una hiperactividad tremenda. Me agobia mucho que se agote mi lista de tareas. Tengo pánico a no hacer nada. A veces entre tanta apertura de puertas y ventanas... pierdo la noción del tiempo. Pero al menos mantengo la espacial: estoy aquí, en el meollo. Y de aquí no me mueve ni dios. Estoy cambiando mi casa. Estoy volviéndome loca otra. Todo está muy bien pero me empeño en no verme mezclada, en no ubicarme dentro de mis propias cosas, qué sé yo. Estoy regenerándome partícula a partícula. Dibujándome hasta los poros, casi con malicia. Contorneando con un rotulador acuático, como la chica aquella. Y voy canturreando: la rodiiiilla, la cadeeera... Me estoy autoesculpiendo, por todo lo que he perdido sin darme cuenta. Esta vez de verdad. Porque, a día de hoy, me sigo echando de menos. Mañana he quedado con mi padre en dirgirinos hacia el mar sin poner un pie en tierra. Tengo que hacer la maleta. Tengo que acordarme de llevarlo todo. Tengo que acordarme de llevarme entera, con mis dos rodillas y mis dos caderas.