Voy a centrarme mucho, como cuando miras fijamente al dedo y el dedo se acerca a tu nariz y, oh sorpresa, aprendes a ponerte bizca y cruzar los ojos. Pues eso, voy a centrarme mucho, en cosas que podrían encajar simbólicamente en la yema de mi dedo índice (es una yema bastante pequeña). En cosas como dibujar para un cumpleaños importante, como intentar lo del relato francés en imágenes, como trabajar a fondo, mirar con eficacia a mi alrededor, plasmarlo, conseguir interpretarlo, colorearlo y darle volumen. Creo que quiero hacer cosas bonitas. No pretendo siquiera ser demasiado original porque me paso el día viendo cosas bonitas de otros. Y sé lo que cuesta. Pero algo habrá.

Voy a quedarme con el formato pequeño, el de los calcetines desparejados o las manchas de pintura blanca, el de las flores de tela o los folletos de supermercado, el del papel rojo con lunares blancos que esconde lo mismo en forma de bandeja, el de acumular puntos de paciencia con la gente que no trago o las tabletas gráficas (aunque mejor de chocolate). Todo esto vuelve a ser lo de siempre, y me da igual. Porque tiene un matiz nuevo, o dos, o tres, pequeños (cómo no), alfileres potentes que no implican debilidad en la sutura. Tengo un pespunte en cada costado. Las cicatrices siempre pican aunque estén cosidas con hilos finísimos. Quizá aprenda a coser, de hecho y por fin, y aspire a tener una máquina, de coser, o una de fotos de verdad, para sentarme y darle a los botones. Los de apretar y los que unen trozos de tela. Los botones que capturan, que al fin y al cabo, es lo que interesa.

Voy a quedarme con el concepto botón entonces, porque es fácil y redondo. Tengo proyectos pequeños, y alguno más grande. Me siento a trabajar y los hilitos me hacen cosquillas en el sobaco, como queriendo llamar mi atención, eh, estamos aquí, te mantenemos de una pieza. Pero yo tengo una aguja, un par de ojos, un par de manos, un cajón lleno de botones. Estoy deseando pintar con las yemas de los dedos. Y apretarlo todo, más tarde, llenándolo de manchas simpáticas. Quizá me haga puntillista, o quizá puñetera, todavía no lo he decidido. Voy a tender a la improvisación, otra vez, pero ahora voy a clavarle todas mis pinzas de plástico.