Cuando tengo un día extraño, de ésos que por más que lo intento no dejan de torcerse, y en realidad lo peor es que sabes que todo está igual de bien que el día anterior, sólo que te sientes plenamente insatisfecha con cada cosa, como con cada uno de los trayectos del día; desde ir al baño hasta ir a dar clase. Vamos, que todo te molesta, porque no hace suficiente frío ni suficiente calor, porque esa señora impertinente te da una pequeña lección en el autobús y dice frases como "ya te llegará a ti también, bonita". Literal. Pues cuando tengo un día de ésos, irremediables, aunque tenga ciertos alivios al alcance de una llamada o similar, parece que una (en este caso, yo) se empeña en ponérselo difícil. Soy humana, me gusta sufrir. Y a pesar de que podría dar una vuelta al salir del curso para despejarme e intentar obviar que ya es de noche; y además es una de esas noches que cansan nada más verlas, de cerrada y de cervicales mezcladas con riñones; pues voy y hago lo contrario. Esos días, cuando me vuelvo arrastrando los pies, miro la cocina y ella me devuelve el gesto y entonces ya sé lo que tengo que hacer. Aunque no hayan dado ni las ocho de la tarde.

ESPAGUETIS DE CONSOLACIÓN
dificultad: ninguna - número de personas: regimiento - tiempo de preparación: na y menos

Ingredientes:

Cualquier tipo de pasta, aunque sean fideos, y lo que vayas viendo por ahí que no esté caducado.

Preparación:

1. Se cuecen un número indeterminado de espaguetis, muchos más de los que nadie de mi tamaño debería comer, y menos por la noche.

2. Se bañan en salsa roquefort.

3. Se espolvorean pipas peladas.

4. A medida que se va vaciando el plato, se repiten los pasos de la piscina de roquefort (2) y las pipas (3), a gusto del consumidor.

5. Se chupa el plato, si la guarrada lo merece.

6. Después de llenar el buche, se procederá a un poco más de automartirio, pero ya con otro cuerpo.

Y más tarde, si tiene usted la suerte de encontrar un huevo kinder olvidado en el bolso que usó la noche del sábado, tiene premio. Puede comerse el chocolate, montar el juguetito de tres piezas (en este caso concreto una mezcla entre cocodrilo y armadillo navideño), y sentir que ha hecho algo de provecho. Se acostará entonces un poco más tranquila, aunque le duelan las rodillas, las vértebras y el subconsciente.

Y dicho esto, respirar hondo y estirar las piernas.