1.- Me dice mi madre por teléfono que últimamente cuando me llama siempre estoy cabreada. Le digo que siempre que hablamos por teléfono hablamos del piso. En realidad hay algunas cosas más. Se ríe. Le digo que ha ganado Obama, para trivializar. En realidad todo va bien. Necesito que pase un mes. Que pasen dos, incluso. Encajarlo todo. Ya he hablado de esto antes. Quizá justo antes, de hecho. Ahora viene una chica a ver mi casa. Me entran ganas de maldecirla o empezar a tirarme pedos. Pero ella no tiene la culpa de que mi casera sea una zorra sin escrúpulos. Además he vivido tres años en este piso. Me gusta por muchas razones, aunque me voy con muchas ganas. Me gusta la luz de esta casa, por la mañana. Pero ya está.

2.- Ayer tuve un viaje al centro de mí misma, que fue bastante revelador. Lo veo ahora como cuando en los dibujos animados alguien entra en el túnel del tiempo o en las pelis de coña alguien se toma un tripi. El clásico efecto psicodélico de rayas y la personita cayendo. Y cantidad de cosas pasando por su lado. Un reloj de cuco, una vaca, cosas así. Volví andando a casa. 45 minutos. Creo que lo haré todos los días, a no ser que haga mucho frío. Me ayuda a pensar. También es verdad que tuve que llamar a Lucía para que me diera el empujón, pero luego fui como la seda. Comprendí muchas cosas. Es curioso lo difícil que puede ser sentarse a esperar. Sentarse y que alguien venga a chasquearte los dedos junto en frente de los ojos. Voilá. Ahí lo tienes, la solución, la respuesta, el espejo. Esto es lo que ha sido siempre. Esto es lo que haces, tú. Me da sueño este diván fabricado con restos. Hay que levantarse y echar a correr.

3.- He redescubierto (una vez más, sin tenerlos realmente olvidados) un par de discos o tres. Y estoy investigando nuevos. A veces me da vértigo pensar en la de cosas que no conozco aún. Definitvamente prefiero hablar de música. Es algo increíblemente poderoso. Y eso que últimamente no escucho casi nada, ni siquiera en el metro. Es raro. Mi cabeza no me deja escuchar, nada más que lo que ella tenga que decir. Pero voy a forzarme a escuchar otras cosas, de nuevo. Y tengo que encontrar de nuevo la feminidad, así, tal cual, que últimamente tengo el mismo aspecto que un gnomo alto. Quizá imite a Lucía y utilice los lápices acuarelables para pintar en otras superficies.

Y eso es todo lo que puedo ofrecer, ahora mismo, esta mañana.