Ahora entiendo el sitio que decías, viendo tu cara despejada en el foco, oyendo las risas medidas y los cantos, siguiendo el aleteo de tus brazos.

Ahora entiendo el miedo del que me hablabas, la bruma espesa de la escena, el arroyo de tu mirada mansa y lo menguante de tus piernas flacas.

Te entiendo, al verte ahora, que observo la silueta pequeña del dorso de tu mano suspendida en el aire y te veo danzar entre lágrimas.