La Coctelera

Categoría: egotrip

Yo también quiero un ukelele

Quiero un ukelele de ukekosas from María Ysasi on Vimeo.

Lo cuelgo por si alguien más quiere participar... El plazo de colgar vídeos termina el lunes! Más información, aquí.

:D

Lanzamiento vacacional

Me voy hoy mismo (y qué temprano es, cojones) a Vejer, casi todo el mes de agosto. He soñado raro y tenía punzadas en la tripa, muy agudas. No puedo estar nerviosa por volver a casa. Quizá sea toda la semana, los meses, la cabecita centrifugando, el sprint final. Quizá sea el vértigo de enseñar así algo que he hecho, cosa que siempre me inquieta. No lo sé. Quizá, y esto es lo más probable, es la incertidumbre y el comecome que viene con un cambio de etapa. Pero ya empiezo a acostumbrarme, a dar zancadas. Ya era hora, por otro lado. A la vuelta, sorpresas. Y alguna que otra cosa más que meditada. Buen mes para vosotros. No os imagináis las ganas que tengo de coger este tren.

Estoy preparada. Y sólo me queda meter la bolsa de aseo.

Día 0

Empieza una nueva etapa. Por fin, esta vez va en serio. Empieza la etapa de sacarlo TODO, con una mujer de ojos pequeños y pequeñas gafas, sentada delante. Hay mucho que sacar, primero, como quien hace un agujero en la tierra. Hacer montones. Comprender la arena. Quitar las malas hierbas y cortar de raíz algunos troncos demasiado grandes, demasiado muertos. Luego podré plantar, lo que quiera. Con la tierra abundante y bien oxigenada. Una palmera, una sola margarita, un arbusto frondoso, un ciprés. Por otro lado sigo perdiendo kilos y centímetros, de todas partes menos de donde lo necesito. Hoy más que nunca, he empezado a trabajar. Recopilar semillas posibles, hacer purga, tapar agujeros que no sé ni cuándo hice, hasta que todo quede verde y armonioso, como un jardín estilo Luis XVI, pero con un mapita bien majo, para no perderme otra vez.

Siempre llegando antes a los sitios

Así que me he sentado en un banco que nunca había visto, de los Jardines de Sabatini. De repente, esa escalera, y los jardines. El sol era preciso, colándose entre los ríos que se forman entre las hojas, o entre las palabras, como me han enseñado en clase. Ahora en clase me dedico a sacar frases de contexto que parecen mucho más profundas de lo que realmente significan en ese momento. La de hoy: todas las páginas cuentan. Y yo digo ¡oh! maravillada de tal afirmación y de cómo se alinea con todas esas ideas tremebundas que fluyen en mi cabeza. Pero a lo que iba.

Me he sentado en un banco.

He visto un cachorro de pastor alemán huir de su dueño y coquetear con una pareja de americanas que evidentemente estaban puestas de algo y se hacían fotos la una a la otra con los pies dentro de una fuente. También he visto entrar a Macaulay Culkin, en su época inocente si es que la hubo, con unas gafas enormes y un gorro tímido. He evitado su mirada a toda costa, por si acaso. Me ha parecido que iba un poco perdido. También he visto a una pareja que por sus maneras estaba en la fase de "ya nos hemos liado y nos molamos pero todavía nos damos vergüenza". Eran muy graciosos, con sus manitas en los bolsillos. Pero no nos despistemos.

Me he sentado en un banco.

Y he abierto el tomo de Sandman que actualmente devoro cada vez que tengo un rato. Pasaba que había un banquete con gente muy importante y extraña, todos con sus ínfulas, sus sobornos, sus necesidades y sus exigencias; y que al día siguiente el anfitrión tendría que tomar una decisión, por qué no decirlo así por una vez, decisiva. Pasados veinte minutos he respirado hondo, he mirado hacia los tejados que me desafiaban en frente y he bajado las escaleras causantes de todo.

Un poco más abajo se vende un edificio. Enterito. Y me he permitido una fantasía inmobiliaria y por lo tanto, surrealista, de las que tengo a veces.

Tengo que quedar más a menudo conmigo, fuera de casa.

Feliz nueve :)

Yo lo he terminado con nieve.

Una revelación al día

Una al día, de media. Ayer precisamente, en la clásica charla alrededor de un yogurt de limón y un descafeinado de sobre, recordé tres frases célebres que salieron de mi boquita cuando era una cría. Las típicas cosas que tu madre y hermanos recuerdan en reuniones familiares y de las que todos se ríen. Las recordé yo esta vez, y me reí haciéndolo. Me reí hasta que me di cuenta de que de pequeña tenía una capacidad de síntesis mucho mayor de la que tengo ahora. Con estas frases hablaba de la necesidad de ser aceptado, de la adicción al drama, de la falta de autoestima y la percepción errónea de la realidad. De todo eso hablaba yo de pequeña, cuando me preguntaban cualquier cosa. No con esas palabras claro. Pero ahí estaba la sabiduría. Ahora, veintitantos años después, me paso el día (y no estoy usando eso como expresión o forma de hablar, de verdad me paso el día) analizando, diseccionando, viajando de una neurona a otra, trazando líneas temporales, sopesando, frustrándome, percibiendo y apuntando... para al final tener mi revelación diaria gracias a una niña de cinco años.

Que empiece el espectáculo (Plan Renove)

Estoy un poco cansada (y asustada quizá) de tanto sobrevolar el interior de las cosas. Me doy cuenta, de golpe, aunque es un golpe en pequeños pasos, de lo que soy, de lo que espero, de que algo me impide. Tengo trabajo por delante, de romper barreras, destrozar frases hechas, dejar la censura. Aceptación, crecimiento, catalejos. Mirar más lejos, con los ojos de cerca. Quitar las máscaras (el negro oculta, el blanco deja ver), y eso que va y viene a la superficie, dejarlo fuera, porque es real, tangible y de gran valor. Aprovecharme de mí misma, porque tengo de dónde escoger si te fijas. Estirar mi sombra hasta volverla casi transparente, hacerla liviana. Hacer más cómplices, pisar el suelo. Dejar que el frío entre sin miedo. Siempre digo que soy un libro abierto. Llevo mucho tiempo mintiendo.

(*) Este post viene con banda sonora y (más) letras.

Minimalismo

Voy a centrarme mucho, como cuando miras fijamente al dedo y el dedo se acerca a tu nariz y, oh sorpresa, aprendes a ponerte bizca y cruzar los ojos. Pues eso, voy a centrarme mucho, en cosas que podrían encajar simbólicamente en la yema de mi dedo índice (es una yema bastante pequeña). En cosas como dibujar para un cumpleaños importante, como intentar lo del relato francés en imágenes, como trabajar a fondo, mirar con eficacia a mi alrededor, plasmarlo, conseguir interpretarlo, colorearlo y darle volumen. Creo que quiero hacer cosas bonitas. No pretendo siquiera ser demasiado original porque me paso el día viendo cosas bonitas de otros. Y sé lo que cuesta. Pero algo habrá.

Voy a quedarme con el formato pequeño, el de los calcetines desparejados o las manchas de pintura blanca, el de las flores de tela o los folletos de supermercado, el del papel rojo con lunares blancos que esconde lo mismo en forma de bandeja, el de acumular puntos de paciencia con la gente que no trago o las tabletas gráficas (aunque mejor de chocolate). Todo esto vuelve a ser lo de siempre, y me da igual. Porque tiene un matiz nuevo, o dos, o tres, pequeños (cómo no), alfileres potentes que no implican debilidad en la sutura. Tengo un pespunte en cada costado. Las cicatrices siempre pican aunque estén cosidas con hilos finísimos. Quizá aprenda a coser, de hecho y por fin, y aspire a tener una máquina, de coser, o una de fotos de verdad, para sentarme y darle a los botones. Los de apretar y los que unen trozos de tela. Los botones que capturan, que al fin y al cabo, es lo que interesa.

Voy a quedarme con el concepto botón entonces, porque es fácil y redondo. Tengo proyectos pequeños, y alguno más grande. Me siento a trabajar y los hilitos me hacen cosquillas en el sobaco, como queriendo llamar mi atención, eh, estamos aquí, te mantenemos de una pieza. Pero yo tengo una aguja, un par de ojos, un par de manos, un cajón lleno de botones. Estoy deseando pintar con las yemas de los dedos. Y apretarlo todo, más tarde, llenándolo de manchas simpáticas. Quizá me haga puntillista, o quizá puñetera, todavía no lo he decidido. Voy a tender a la improvisación, otra vez, pero ahora voy a clavarle todas mis pinzas de plástico.

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