La Coctelera

Categoría: lápices de colores

Lanzamiento vacacional

Me voy hoy mismo (y qué temprano es, cojones) a Vejer, casi todo el mes de agosto. He soñado raro y tenía punzadas en la tripa, muy agudas. No puedo estar nerviosa por volver a casa. Quizá sea toda la semana, los meses, la cabecita centrifugando, el sprint final. Quizá sea el vértigo de enseñar así algo que he hecho, cosa que siempre me inquieta. No lo sé. Quizá, y esto es lo más probable, es la incertidumbre y el comecome que viene con un cambio de etapa. Pero ya empiezo a acostumbrarme, a dar zancadas. Ya era hora, por otro lado. A la vuelta, sorpresas. Y alguna que otra cosa más que meditada. Buen mes para vosotros. No os imagináis las ganas que tengo de coger este tren.

Estoy preparada. Y sólo me queda meter la bolsa de aseo.

Día 0

Empieza una nueva etapa. Por fin, esta vez va en serio. Empieza la etapa de sacarlo TODO, con una mujer de ojos pequeños y pequeñas gafas, sentada delante. Hay mucho que sacar, primero, como quien hace un agujero en la tierra. Hacer montones. Comprender la arena. Quitar las malas hierbas y cortar de raíz algunos troncos demasiado grandes, demasiado muertos. Luego podré plantar, lo que quiera. Con la tierra abundante y bien oxigenada. Una palmera, una sola margarita, un arbusto frondoso, un ciprés. Por otro lado sigo perdiendo kilos y centímetros, de todas partes menos de donde lo necesito. Hoy más que nunca, he empezado a trabajar. Recopilar semillas posibles, hacer purga, tapar agujeros que no sé ni cuándo hice, hasta que todo quede verde y armonioso, como un jardín estilo Luis XVI, pero con un mapita bien majo, para no perderme otra vez.

Lo dicho

Sistemas de goteo regulado

La eterna búsqueda

(*) fruto de conversaciones profundas con un buen amigo, esta mañana.

Que empiece el espectáculo (Plan Renove)

Estoy un poco cansada (y asustada quizá) de tanto sobrevolar el interior de las cosas. Me doy cuenta, de golpe, aunque es un golpe en pequeños pasos, de lo que soy, de lo que espero, de que algo me impide. Tengo trabajo por delante, de romper barreras, destrozar frases hechas, dejar la censura. Aceptación, crecimiento, catalejos. Mirar más lejos, con los ojos de cerca. Quitar las máscaras (el negro oculta, el blanco deja ver), y eso que va y viene a la superficie, dejarlo fuera, porque es real, tangible y de gran valor. Aprovecharme de mí misma, porque tengo de dónde escoger si te fijas. Estirar mi sombra hasta volverla casi transparente, hacerla liviana. Hacer más cómplices, pisar el suelo. Dejar que el frío entre sin miedo. Siempre digo que soy un libro abierto. Llevo mucho tiempo mintiendo.

(*) Este post viene con banda sonora y (más) letras.

Cógeme los pies

- ¿Sabes? A veces creo que no estoy en la tierra. A ver si me explico. Hay veces, en las que mucha gente pregunta por mí, y yo apenas hablo con más de dos personas al día, y además cuando hablo no digo apenas nada... entonces me doy cuenta de que necesito que alguien me coja de los pies y me pose, para sentir la tierra, porque hay días que estoy a un metro, sin que eso signifique sentirme especialmente viva, ni voladora, ni superior...

- (...)

- Creo que alguien le ha echado algo a mi té.

- No, si creo que te entiendo. Yo este fin de semana te cojo los pies. Y te pego unas suelas de cemento.

- Gracias.

Cada vez (tres puntos sin relación aparente)

1.- Me dice mi madre por teléfono que últimamente cuando me llama siempre estoy cabreada. Le digo que siempre que hablamos por teléfono hablamos del piso. En realidad hay algunas cosas más. Se ríe. Le digo que ha ganado Obama, para trivializar. En realidad todo va bien. Necesito que pase un mes. Que pasen dos, incluso. Encajarlo todo. Ya he hablado de esto antes. Quizá justo antes, de hecho. Ahora viene una chica a ver mi casa. Me entran ganas de maldecirla o empezar a tirarme pedos. Pero ella no tiene la culpa de que mi casera sea una zorra sin escrúpulos. Además he vivido tres años en este piso. Me gusta por muchas razones, aunque me voy con muchas ganas. Me gusta la luz de esta casa, por la mañana. Pero ya está.

2.- Ayer tuve un viaje al centro de mí misma, que fue bastante revelador. Lo veo ahora como cuando en los dibujos animados alguien entra en el túnel del tiempo o en las pelis de coña alguien se toma un tripi. El clásico efecto psicodélico de rayas y la personita cayendo. Y cantidad de cosas pasando por su lado. Un reloj de cuco, una vaca, cosas así. Volví andando a casa. 45 minutos. Creo que lo haré todos los días, a no ser que haga mucho frío. Me ayuda a pensar. También es verdad que tuve que llamar a Lucía para que me diera el empujón, pero luego fui como la seda. Comprendí muchas cosas. Es curioso lo difícil que puede ser sentarse a esperar. Sentarse y que alguien venga a chasquearte los dedos junto en frente de los ojos. Voilá. Ahí lo tienes, la solución, la respuesta, el espejo. Esto es lo que ha sido siempre. Esto es lo que haces, tú. Me da sueño este diván fabricado con restos. Hay que levantarse y echar a correr.

3.- He redescubierto (una vez más, sin tenerlos realmente olvidados) un par de discos o tres. Y estoy investigando nuevos. A veces me da vértigo pensar en la de cosas que no conozco aún. Definitvamente prefiero hablar de música. Es algo increíblemente poderoso. Y eso que últimamente no escucho casi nada, ni siquiera en el metro. Es raro. Mi cabeza no me deja escuchar, nada más que lo que ella tenga que decir. Pero voy a forzarme a escuchar otras cosas, de nuevo. Y tengo que encontrar de nuevo la feminidad, así, tal cual, que últimamente tengo el mismo aspecto que un gnomo alto. Quizá imite a Lucía y utilice los lápices acuarelables para pintar en otras superficies.

Y eso es todo lo que puedo ofrecer, ahora mismo, esta mañana.

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