La Coctelera

Categoría: Parte informativo

hey

He pasado por aquí de repente, abriendo ventanas y joder, qué pena me ha dado, así, de golpe, ver esto tan solo. Pero bueno, supongo que pasó, aunque a ratos continúe, por otros lugares. El caso es que entro, sí, y no olvido, ni rechazo. Pero qué rápido va todo cuando lo miras desde lejos.

He conseguido un trabajo para unos días, me pagan por horas y no paro en todo el día. No me relajo en nueve horas. Y aquí tengo un folio, a mi derecha, con seiscientos proyectos empezados. Menos mal que tengo rotuladores y papelitos para marcar y remarcar.

Se escapan las semanas. Hoy estoy a hostias con la variable tiempo. Pero ni esa variable, ni la variable dolor de cervicales de mil pares de cojones me impide venir, casi de sorpresa, y deciros hola a todo el mundo.

Aviso a navegantes: Fiesta inminente

Salgo del economato para celebrar.

Y es que como bien nos cuentan aquí, el jueves que viene se avecina una celebración por todo lo alto. No sólo será una fiesta -¡oeeee!-, sino que además podreis adquirir el libraco del 4º aniversario de La Coctelera, con cien posts de cien cocteleros (o así), recopilados con todo el cariño del mundo :)

Vengo del futuro para deciros que será una noche de puta madre.

¿Quién se apunta?

¡Yo me apunto!

Tembleque

Desde las 19.30 estuvimos allí, unos extrañamente tranquilos y otros crecientemente nerviosos. Colgando carteles, pensando en las entradas, tomando tilas o cafés. Cuando la gente empezó a pasar a la sala creí que me iba a dar algo. Reservando un par de filas para el equipo me puse nerviosa, porque yo no sabía dónde sentarme. No sabía dónde era mejor, dónde me correspondía, ni dónde quería estar.

Sé que todo lo que escriba puede sonar exagerado. Para mí este día significaba muchas cosas importantes. Y digamos que estoy en un momento en el que todo me afecta como si lo hiciera por debajo de la piel. Y no me refiero a tener la regla. Cuando estuve montando la peli con Mario, hará un año o yo qué sé cuánto, la peli me gustaba mucho. Le cogí un cariño brutal a los personales, a cada gesto, a las pausas incluso. Me sabía de memoria los pequeños despistes, los fallos de texto, los de racord, los cambios de escena. Cuando empezó la película ayer, comprendí que me gustaba mucho más. Muchísimo más. Para empezar, está escrita con el corazón y se nota. Bueno, con el corazón y con un talento que siempre he admirado. Llevo toda la vida leyendo historias escritas por él y me jode que nadie venga y le descubra o le pague sólo por teclear. Mario es una joya. Sabe encontrar en punto justo, con un humor a ratos cínico, con unos monólogogos genialmente construidos, con un ritmo perfecto.

Los actores hacen un trabajo increíble, todos y cada uno de ellos. Yo quería abrazarles y decirles que les quiero. Me pareció flipante oír a una sala entera descojonarse con partes en las que no confiábamos (incluso con partes con las que no contábamos en absoluto que se rieran), callarse en las escenas que requerían comprensión (y no me refiero a comprensión de los diálogos por la calidad del sonido, sino a comprender a los personajes que te hablan desde ahí delante), aplaudir como locos al terminar. Es acojonante, en serio. Es acojonante y abrumador, estar sentada con todas esas personas y comprobar que la película tiene el mismo efecto (sospechosamente parecido al menos) que tuvo en mí cuando pusimos por primera vez un puñado de planos juntos. Es lo más emocionante que me ha pasado en la vida. Es maravilloso sentarte y ver el trabajo bien hecho de todas esas personas que brillan con luz propia y distinta, en una pantalla grande.

Llegando a casa le mandé un mensaje a Mario para darle las gracias. Porque cuando alguien hace cosas tan bonitas y las comparte con el mundo con tanta sinceridad, hay que agradecerlo. Esta mañana me pongo a escribir esto sin desayunar. Nunca jamás me he sentido más orgullosa de nada. Y aún me dura el tembleque.

Today is the DAY

Hoy es el día. Qué fuerte, de repente lo he pensado. Hoy es el día. Es hoy. Y sí, estoy nerviosa. Mucho. Miro el café y pienso que debería cambiarlo por tila. Hoy es el día. El día del estreno. Es hoy. Apenas puedo creérmelo. Esto es lo más emocionante en lo que he participado jamás. Hoy se estrena nuestra película. A lo grande. Es un día importantísimo. Y todo lo demás es hojarasca.

Boceto (probablemente definitivo) de cartel promocional para Desde Entonces

Muchas más de 65

Por la mañana me ducho tan tarde que ya es la hora de comer. Marta llega antes de lo esperado. Con la toalla puesta a modo de turbante pienso en cómo algo tirante condiciona los gestos. En mi caso concreto, se me levanta una ceja. Hago un boceto tonto en mi cabeza, suena el telefonillo y no me seco el pelo. Quien sea que inventó las gorras, gracias. Luego de hablar atropelladamente, de discutir si un camisón se puede sacar a la calle, de oír esas dos palabras juntas que tanto me gustan por alguna extraña razón (estas palabras son "medias tupidas", nada de sentimentalismos), ella va al autobús y yo al metro.

Un poco más tarde y recordando levemente una casa en la que viví hace unos años, llego a una plaza donde todos los presentes acabarán tarde o temprano por darse hostias con almohadas. Para eso hemos venido aquí. Mi amigo Nick Furia (sí, el mismísimo) llega tarde pero a tiempo de que le arree en toda la cara poniéndo en peligro sus gafas. No duramos ahí ni cinco minutos y nos vamos a robar guías de viaje olvidadas en una cafetería. Aunque eso no debe llamarse robar. Allí hablamos de lo de siempre, pero siempre mejor. Yo le digo que tiene las piernas larguísimas y él me repite por enésima vez que le encanta su camiseta del Hombre de Arena.

Luego voy a la compra, recordándome a mí misma por última vez que el Carrefour Exprés de Lavapiés tiene de exprés lo que yo de deportista. Yogures, ensaladas, carne muy roja, cosas para el pelo, quesos frescos, fiambre de todo tipo. Hablo por teléfono en la cola de la caja, que ya empieza a ser un clásico. Llegar a casa es cuesta abajo pero los músculos tiran y eso que se supone que las almohadas no pesan.

Veo una película con pésima calidad de imagen, una que llevaba tiempo esperándome y me parece bien. Además, conozco a la protagonista. Y el chico tiene la sonrisa floja. Es tarde para cenar pero me toca, sobre todo porque la merienda tocó a las ocho y media. Me doy cuenta de que tengo algunos radiadores funcionando para los peluches. Declino telepáticamente una propuesta social.

Pongo una sopa que no sé si me llegaré a tomar. Me repaso con la lengua los dedos despúes de pellizcar las pastillas de caldo de carne. Siempre me ha fascinado el sabor concentrado de las sopas de sobre y los avecrems. Pellizcas y suena como arenilla simpática, explotando. Todo espolvoreado torpemente, dentro y fuera de la olla. Me permito el placer de recogerlo con los dedos mojados. Me como una lata de berberechos con nombre propio, unas cuantas tajadas de lacón a la plancha y le doy un par de bocados y unos cuantos pellizcos (también aquí) al jamón. Es el primer jamón de la historia que se corta entero sin darle la vuelta. Yo no corto jamón, yo lo deshojo. Hago fallas, valles y pendientes, escalones y terraplenes, dejando a la vista lianas para la vuelta y pieles del revés. Corto con ansia y tengo las manos llenas de pequeñas rajitas que me escuecen al fregar.

Ahora debería ponerme a hacer estas cosas que tengo aquí apuntadas. Todas importantes y ordenadas. Creo que voy a dibujar a alguien con una toalla en la cabeza y cara de pocos amigos. Ya fregaré mañana.

Día 0

Empieza una nueva etapa. Por fin, esta vez va en serio. Empieza la etapa de sacarlo TODO, con una mujer de ojos pequeños y pequeñas gafas, sentada delante. Hay mucho que sacar, primero, como quien hace un agujero en la tierra. Hacer montones. Comprender la arena. Quitar las malas hierbas y cortar de raíz algunos troncos demasiado grandes, demasiado muertos. Luego podré plantar, lo que quiera. Con la tierra abundante y bien oxigenada. Una palmera, una sola margarita, un arbusto frondoso, un ciprés. Por otro lado sigo perdiendo kilos y centímetros, de todas partes menos de donde lo necesito. Hoy más que nunca, he empezado a trabajar. Recopilar semillas posibles, hacer purga, tapar agujeros que no sé ni cuándo hice, hasta que todo quede verde y armonioso, como un jardín estilo Luis XVI, pero con un mapita bien majo, para no perderme otra vez.

El pájaro cubierto de ceniza

Se me había dormido un brazo y lo levanté en perpendicular. Siempre que elijo esas sábanas se me duerme un brazo. Estando con el brazo levantado y moviéndolo como si bailara sevillanas para despertarlo, bajó volando una especie de canario negro. Se movía torpemente porque le dolían las alas, me contó luego. A veces caía porque dejaba de agitarlas. Parecía estar hecho de papel maché. Se posó en mis dedos tomándome por una rama de árbol. Me contó que antes era del color del chicle, que pertenecía a una princesa y que se le había olvidado volar. No sabía cómo había llegado a esa situación. Pasé la yema de mi dedo índice por encima de su cabeza y el negro se fue como papel quemado. Grandes lascas frágiles y grises, dispersándose en el aire. Quedó al descubierto un color fucsia vibrante. El pájaro me guiñó un ojo. Estaba lleno de sabiduría. Le prometí que le ayudaría a recordar y que poco a poco le iría limpiando, para que pudiera volver con su dueña la princesa, por sí solo.

Una vez fue a clase de Yoga y esto fue lo que pasó

Joven yogui, observa este silencio, observa como los sonidos te rodean, pero tú en silencio, observa el campo, las florecillas silvestres, su aroma, observa su aroma, el aroma de cualquier flor, ese aroma que te pone en contacto con un estado de paz, de calma, de silencio. Vamos a centrarnos en una palabra, esa palabra es gratitud (a lo que yo entiendo latitud). La gratitud es cuando estás triste o deprimido, y haces un ejercicio de recordar lo bien que has estado, las cosas buenas que has vivido, y entonces la gratitud surge en tu corazón de manera natural. La alegría está dentro de ti. Tu cuerpo es un regalo. Siente el silencio, y en este momento que es tuyo, observa como entre pensamiento y pensamiento, hay un hueco, como cuando el cielo está nublado y se abre un claro. Entre pensamiento y pensamiento hay luz. Gratitud, como la historia del Santo Faquir (que estaba delgado como un palo). Gratitud, como ya lo dijo Santo Tomás de... (¿Greenpeace? ¿Crispis? ¿Qué ha dicho?) Tu cuerpo es un regalo de dios y dios mora en él (¿sí? pues tengo miedo). Tómate tu tiempo, a tu ritmo. Descoyúntate y estira hasta que te duela todo, en paz, relajada, dolorosamente relajada, y no olvides inhalar y exhalar como una posesa, pequeña osita yogui.

No volví a dar una clase de yoga y perdí 20 euros de la matrícula.

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