La Coctelera

Categoría: poemas con toda modestia

Ser o estar

Estoy plagando de colores las paredes.
Estoy probando el formato postal.
Estoy borrando y borrando encima.
Estoy a dos minutos de empezar.
Estoy cansada sin hacer nada.
Estoy contenta sin euforia.
Estoy siendo nueva para mí.
Estoy escribiendo en casillas blancas.
Estoy temiendo lo peor.
Estoy comiendo sano.
Estoy secándome un lado de la cara.
Estoy cerca de estar aquí.
Estoy sentada en el sofá.

¡Click!

Hoy he visto caer
racimos perfectos,
pentagramas de tren
y muchas espirales.

Hoy, al volver,
se me cae la fruta,
los viajes que no hice,
las vueltas que di.

Esta noche,
sencillamente
me apago.

Recolectando infinitivos

Seguir la línea de puntos, haciendo líneas de nuevo, que son rectas y cortas, que forman esquemas como de adn, seguirlas con las gafas puestas, las oscuras, las de espejo, para no ver más allá, para que sean los demás los que se vean. Hilvanar ideas, pincharme con la aguja, coserlas una con otra, y que tan pronto me parezcan sensatas y efectivas como la más grande estupidez. Cerrar, cerrarlo todo al salir, para guardar la calma, cerrarlo para encontrar la cueva fría al volver, cerrar, sí, qué remedio. Comprenderlo. Apoyar. Respirar.

Llenar mi cabeza de arroz, mecerla y que suene a maracas, o a huevos de plástico rellenos como los de aquella vez. Mecerme, mecerla a ella es automático. Contenerme, porque contenerla a ella es imposible. Sentir, sentir mucho. Ojalá hubiera una vacuna, a veces. Sentir de "lo siento" y sentir también de llevarlo clavado dentro, inmune, infinito. Tener deberes, derechos, privilegios. Atarme todo lo corta que puedo. Acurrucarme concéntrica, concentrarme en la nada. Escuchar el más pesado de los silencios. Y empezar a callar yo, qué remedio. Saber. Respirar. Aprender.

Subir. Bajar, qué remedio. Querer demasiado, demasiadas cosas, demasiado tiempo. Esperar, lo justo. Moverme, lo imprescindible, columpiarme a veces y tener vértigo. Trivializar como quien allana el terreno, para más tarde tronar, tormentas dentro de una canica. Ponerme roja y ponerme verde, como un semáforo con y sin vergüenza. Inventar. Fluir a tiempo parcial. Estar predispuesta a la vida, que parece el mejor remedio. Sobresaltarme, autocastigarme, mirar hacia atrás y mirar hacia delante, en intervalos de segundo y medio. Respirar. Sopesarlo. Cansarme.

Y al final, almacenar, qué remedio.

Luciérnaga

Voy a jugar a ser tundra porque me gusta como suena. En mi cabaña recogida, con mi cobijo y sus dos brazos. Me levanto con la sonrisa satisfecha, porque a falta de palabras, equivalencias. Soy lo mismo, estoy dicha, soy articulada. Voy a jugar a maquillarme, a vestir párpados, morder la fruta, a gritar bien alto. Sin que nadie me oiga. Con los ojos cerrados.

Farewell and goodnight

Tiovivo

Arriba, abajo. Al bajar, un incómodo agujero. Al subir, la maldita sensación efímera. Y la soledad, que cura y escuece. Llenar cajas. Vaciar depósitos. Hablar demasiado, callar prudente. Dibujar un mapa, llenarlo de estrellitas de colores, flechas rojas, puntos importantes. Volver a encender el radiador, tiritar a ratos, esconderme.

Margaritas. Me quiere, no me quiere. Café. Palabras. Infusiones calmantes. Tomármelo deportivamente, desentrelazarme, intentar no ser tan adhesiva, tan hecha del velcro. Jugar a que conozco mis posibilidades. Romper el hielo. Mirar a los ojos. Mirar al suelo. Escribir sobre un árbol. Dibujar lo de dentro.

Atesorar, como un bichito, cada muestra. Y sentarme, con una cesta a medio llenar, bajo la sombra de algún gigante, a esperar la vida, como agua de mayo. Apurando motores, quemando embragues, desgastando ruedas.

Háblame en lapón, marinero

Hay días cuarteados. Hay días grises. Azules. Días que parecen azules y son grises tan sólo. Días en los que no sabes exactamente qué pasa pero algo pasa. No necesariamente traumático, nada grave. Una vaga sensación de soledad, que se agradece y al mismo tiempo pica. Un matiz confuso, de idiomas que sólo tú hablas. Una certeza absurda, de que nadie va a comprenderte. Una sospecha, de que estás haciéndolo todo al revés, aunque no estés haciendo nada realmente. Una añoranza grande, espesa, arrolladora. Un quítame de aquí esas pajas, constante. Uno de esos días en los que sólo cuadra la música cuya letra no entiendes. Sólo encaja que te hablen con sílabas inconexas, con muchas efes y eses. Que te traten con diéresis en cada letra, sea vocal o consonante. Dos puntos en cada i, remarcando obviedades. Un día, que siendo largo y tangible, no existe en absoluto.

Domingo

Me resulta inconsistente, muchas veces, el paso del domingo al lunes, casi invisible, algo efímero, aunque tenga muchas horas seguidas. La etapa final de la carrera, en la que se decide si gano o me piso los cordones, resulta muchas veces así, fragmentada tantas veces que apenas puedo ver el conjunto. Soportando el peso de mi cuerpo, sin estar haciendo ningún tipo de esfuerzo físico. Sentir cómo pesa, cómo se agarra al suelo, imantado. Pensar que mañana me levantaré salvaje, con las piernas más largas del mundo y me peinaré con las primeras luces, sonriendo, muy probablemente. Pensar también distraída, en monedas que caen rodando, en letras de canciones idóneas, en pequeñas colinas diarias. Tener clarísimo que soy la última partícula del universo. O quizás, tan sólo es un domingo, como otro cualquiera, pero imprescindible.

Ruidos

Salgo de la ducha y la tormenta se ha desatado. Suena fuerte, con grandes golpes altos, que llegan hasta el suelo, que se descuelgan como lianas. Me seco el pelo y me convierto en la leona de siempre. No me apetece llevar impermeable, ni llevar paraguas. Si la lluvia quiere mojar, que moje. Veo a un niño correr para evitarlo. Detrás un hombre. El niño. El hombre. Corren escapando de lo mismo. Yo en casa, me resguardo, con mi pelo tibio y abundante, cubriendo los hombros, cayendo como los ruidos. Me llora una última gota en la cabeza. Me pregunto si se puede escurrir el aire. El aire extraño, el aire que no llega, el aire pesado. Los coches suenan acuáticos en el cruce. Yo bebo agua de una botella de plástico.

Dos argollas

Redoble de tambores.
Estoy muy arriba.
Ligera de peso.

Me convierto en halcón.
Me estrello.
Plumas y más plumas
salen volando.

La vista completa,
mis ojos perfectos,
afinar la búsqueda,
todo este viento.

No picoteo, no uso las garras.
Me estrello.
Pum. Al suelo.

Valió la pena.
Los altos vuelos.
Caer en picado.
Alzarme de nuevo.

>>B.S.O: Such Great Heights, la versión del tema de The Postal Service que el grupo Iron & Wine hizo para Garden State (¡oh! ¡mi película!). La letra aquí, por qué no.

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